Laguna de Gómez
Laguna de Gómez
En aquellos tiempos pensar en un viaje a la Laguna de Gómez, era como una aventura al África. Kilómetros de caminos de tierra, verdaderos arenales en ese cálido verano, en el colectivo de línea que nos dejará cerca de las ocho de la mañana de aquel enero de 1958 en el acceso al balneario. Luego de allí un camino asfaltado y poco transitados proponía ocho kilómetros de a pie hasta llegar a la ribera de la laguna, Con varios bolsos y bártulos junto a mis hermanas y amigos emprendimos la caminata pero por suerte alguien a quien hicimos dedo, nos acercó en su camioneta hasta el balneario.
Al rato llegamos a la laguna atravesando el portal custodiado por leones de piedra. El camino se abría a izquierda y derecha, la cual elegimos para conocer el balneario desde la rotonda del club de yacht. Luego fuimos a la otra rotonda arbolada y con parrillas.
La laguna se extendía hasta donde daba la vista y tenía un espigón de acceso para pescadores que no se usaba pues se había declarado balneario y ya se sabe que anzuelos y bañistas no congenian.
El tránsito en el camino asfaltado que une ambas rotondas era escaso o nulo a esa hora de la mañana por lo cual desenfundamos nuestras paletas de madera para jugar sobre mismo mientras no hubiera vehículos.
Cerca del mediodía, cuando el sol nos envolvía con su calor, decidimos ir a pegarnos un chapuzón en las aguas oscuras por la arena en suspensión de aquella laguna de Junín. Luego de bajar unos escalones los juncos cercanos a la orilla nos informaban de la vida natural de ese espejo de agua. Un tiempo para refrescarnos y jugar con la pelota de goma en el agua que nos llegaba hasta un poco más arriba de la rodilla. Recién a cien metros de la costa nos animábamos a nadar pues el agua nos daba al pecho. Media hora más y salimos del agua para acampar bajo unos árboles y comer los sándwiches que habíamos llevado como merienda.
En las primeras horas de la tarde la gente de la ciudad invadió la relativa calma de la laguna y su presencia y vehículos nos imposibilitó seguir jugando a la pelota/paleta en el camino asfaltado. Horas más y emprenderíamos el regreso al pueblo pues el colectivo local pasaría por la ruta a las 18:00 horas.
Conseguimos que alguien nos acercara hasta la ruta y regresamos al pueblo comentando y recordando nuestra primer visita a ese lugar de paz y de naturaleza a pleno.
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