El tren de las 18:15
Salí con el tiempo suficiente para abordar en Retiro el larga distancia que me llevaría a Junín. Eran las cinco de la tarde, crucé la calle y fui a la parada del 26 en la otra cuadra.
Tras una espera de veinte minutos llegó el demorado micro ómnibus acompañado otras dos unidades de la línea. Subí a uno de ellos y como fue el último de salir mi tiempo de llegar a Retiro se hacía cada vez más cercano a la hora de partida del tren.
En tránsito estaba como descontrolado y la lentitud para avanzar por la avenida Corrientes me hizo sospechar que llegaría tarde a mi cita con el tren.
Algo más pasó que acrecentó mi angustia: luego de un tramo rápido, después de cruzar Callao, el inspector de la parada de calle Uruguay se acercó al chófer y comunicó a los pasajeros que debíamos cambiar de coche pues ya iban cuatro en hilera y ¡Justo tuvo que anular el recorrido de mi bus!
Miré el reloj del microómnibus y me asusté pues marcaba 18:10. Tomé mi celular y comprobé que recién eran las 17:45 y respiré aliviado pero preocupado.
Transferido junto a los demás pasajeros al ómnibus designado, el viaje se hizo un poco más rápido. Ya en el Metrobús del Bajo el destino quiso que hubiera una reparación en la vía del servicio público por donde marchábamos y el agente municipal demoraba el ingreso de nuestro coche pues debía dar prioridad a la mano contraria.
Veinte segundos de espera y un tiempo después llegó mi transporte a la parada frente a la Estación del Mitre. Bajé con mis dos mochilas a cuestas, crucé la avenida y a paso ligero llegué a la terminal de la línea San Martín para trenes de larga distancia sobre la calle Padre Mujica.
En la puerta de entrada la encargada de recibir pasajeros me comentó que aún no habían habilitado el paso al andén para ascender al tren pues los guardas e inspectores aún no habían llegado para controlar los pasajes. Miré el reloj del hall y recién eran las 18:00 hs. Normalmente el acceso se produce a las 17:45 hs; por suerte llegué con tiempo y me percaté que la fila de pasajeros no se movía pues los controles no estaban.
No quise integrarme a la fila y caminé hacia el lugar desde donde se puede ver el andén y con asombro vi que el tren a abordar no estaba en su lugar.
Una de las asistentes de los pasajeros del tren, que conozco de tantos viajes que hice, estaba charlando con una persona y luego de saludarla le pregunté por qué no estaba el tren en su lugar y me comenta que recién lo están trayendo del lugar donde lo ponen en condiciones para el viaje: limpieza, reposición de agua para los servicios y provisión de combustible para la locomotora y para la usina rodante que abastece de energía eléctrica a los coches para iluminación y calefacción de los pasajeros.
Media hora después se habilitó el control de pasajeros y despaciosamente nos desplazamos hacia el Andén Z donde abordamos el tren a JUNÍN.
Partió con un atraso de casi media hora y fue recuperando su horario en los tramos libres de trenes locales. La llegada del tren a la ciudad de destino fue en la hora programada gracias a la velocidad de su máquina de tracción y a la buena disposición de los conductores de la misma.
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